Innovación mexicana: Lluvia sólida

La “lluvia sólida” patentada por el ingeniero mexicano Sergio Rico puede salvar a miles de personas. Con una solución basada en polímeros de potasio en polvo que se hidratan con el agua y retienen la humedad durante meses ha conseguido recuperar y multiplicar cultivos dónde parecía imposible.

Donde no hay agua, hay hambre, pobreza y emigración no voluntaria. La “lluvia sólida” patentada por el ingeniero mexicano Sergio Rico ha cambiado la vida a cientos de personas que viven en las zonas más áridas del planeta. Evita la pérdida de las cosechas por la escasez de agua. Su solución se basa en polímeros de potasio en polvo que se hidratan con el agua de lluvia y retienen la humedad durante meses. Facilita el cultivo al mezclarse con la tierra y acelera el proceso de crecimiento de las plantas al nutrirlas desde la raíz sin que sufran estrés hídrico.

La migración campo-ciudad es un problema complejo en México. Un círculo vicioso en el que se se abandona el campo en busca de mejores oportunidades, pero que no siempre tiene un final feliz.  El abandono forzoso del hogar, de una familia, de una comunidad se ve frustrado por una realidad en la que otro tipo de pobreza, postmoderna pero igualmente dura, se vive en silencio en las grandes urbes de la República.

Padres, hermanos e hijos abandonan sus casas para encontrar un trabajo en la ciudad, donde llevarán un estilo de vida completamente ajeno a sus costumbres. Familias desestructuradas que, pese a los esfuerzos, no consiguen escapar de la pobreza. Nada desconocido para comunidades como la del “Ejido de Agua Hedionda” en Autlán de Navarro (Jalisco, Guadalajara), donde hace ya varios años que se aplica la lluvia sólida para la producción de maíz en las laderas de las montañas circundantes, sobre terrenos ahora recuperados para el cultivo.

“Donde antes apenas se sacaban 600 kilos de maíz por hectárea, ahora sacan de 10 a 14 toneladas gracias a la lluvia sólida, capaz de darle a la planta el líquido que únicamente necesita para sobrevivir y crecer” explica el ingeniero Sergio Rico.

En “Agua Hedionda” no sólo se mejoró la productividad del suelo hasta obtener suficiente alimento para el autoconsumo; la consiguiente reducción del hambre supuso la mejora de la calidad de vida de unos 400 vecinos repartidos en cinco poblaciones de la zona. Especialmente relevante para alcanzar el desarrollo social, económico y ambiental que garantiza el éxito de este tipo de proyectos es el cambio de mentalidad de los beneficiarios. De hecho, la pobreza en algunas zonas rurales de México no se debe tanto a la escasez de recursos, sino que más bien está vinculada a la falta de programas de capacitación, concientización y apoyo para el manejo sostenible de los mismos.

El sobrepastoreo, la quema de árboles y la explotación no controlada de bosques y montes empobrecieron las tierras que daban de comer a las poblaciones del ejido de Agua Hedionda. El agua del arroyo que atravesaba la comunidad dejó de correr, un lago aledaño del que se tomaba agua se contaminó, causando enfermedades gastrointestinales a los vecinos. El terreno erosionado invitaba a moverse a otros puntos donde aún hubiera tierra fértil a explotar. Más pan para hoy y hambre para mañana… De ahí que el ingeniero Rico se empeñara en sacar adelante este y otros tantos proyectos de desarrollo bajo un enfoque integral, en los que las comunidades se hicieran conscientes de la importancia del problema del agua y del cuidado de este recurso limitado, y aprendieran técnicas para recoger y almacenar el agua de lluvia, aprovechando hasta la última gota.

El caso del ejido de “Agua Hedionda” no es el único que ha demostrado la fiabilidad de esta solución. Según comentaba para Twenergy el ingeniero defeño (originario del Distrito Federal), gracias a la lluvia sólida se están cosechando nueces en plantaciones de nogales con poco más de dos años en el desierto de Chihuahua, cerca de la ciudad de Delicias. “En lugar de regarlos cada semana, se ha logrado que los nogales sean productivos con un riego cada 40 días”, añade Rico. Los habitantes de esta región se llaman a si mismos “los vencedores del desierto” y han logrado desarrollar una producción agrícola rentable en una zona que aparentemente no era apta para el cultivo.

Los campesinos del municipio de Matehuala, en San Luis de Potosí, también se beneficiaron de esta solución para mejorar la productividad de sus cultivos. Aplicada a los terrenos del altiplano, la lluvia sólida ha permitido sembrar avena en diciembre, fecha en la que no suele llover en la zona, en parcelas con tierra muy seca pero donde las semillas germinaron y las plantas crecieron a buen ritmo.

En el desierto de Sonora, el uso de esta técnica de riego evita que se sequen los matorrales de los que se alimentan los borregos cimarrones, asegurándose de este modo la pervivencia de esta especie en peligro de extinción en la montaña.

El agua, solución a múltiples problemas

La expresión atajar el problema de raíz cobra un doble sentido en la iniciativa que Sergio Rico y el equipo al frente de su empresa, Silos de Agua, pusieron en marcha hace más de una década. Desde entonces ordenan la fabricación y comercializan este producto biodegradable en polvo, al que han llamado lluvia sólida que, al entrar en contacto con agua, se solidifica de modo que puede almacenarse en costales, transportarse fácilmente a puntos de difícil acceso y sembrarse junto a las semillas en cualquier momento, reduciendo así la alta dependencia que la siembra tiene de las precipitaciones.

El producto es llamado “Silos de Agua” cuando las partículas de potasio se encuentran secas y listas para absorber el agua de su entorno. Cuando se han hidratado y crecido se les llama “LLuvia Sólida”. La lluvia

sólida puede almacenar hasta 500 veces su peso en agua y mantiene húmedas las raíces de las plantas durante meses por lo que la productividad de los cultivos aumenta notablemente.

El mayor mérito de esta innovación es el impacto social que puede generar, pues ataca – nuevamente de raíz- el problema del hambre y la falta de recursos en comunidades ya de por si desfavorecidas. Al igual que los desastres naturales acelerados por el cambio climático afectan, sobre todo, a los que menos tienen, la escasez de agua es uno de los principales factores de empobrecimiento de las comunidades que viven en y del campo. La fama del producto ha sobrepasado fronteras y se está usando en la actualidad para ganar terreno al desierto de Túnez e incluso para cultivar pepinos sobre la arena de desierto en los Emiratos Árabes. Regar la tierra a puños podría ser una solución al problema global de la desertificación y la pobreza que, inevitablemente, nos traerá el cambio climático.

Fuentes: Lluvia Sólida | Bioenciclopedia

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